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viernes, 13 de abril de 2018

SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO...




                                                   SPOT                                                 

La pantalla del televisor se fundió en azul marino y las grandes letras blancas, cual veleros fantasmales, se materializaron sobre ella.
                        
                           SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                           EN ESTE PRECISO MOMENTO…

Laura Valdemar, estudiante de quinto de Derecho, sonrió complacida. El gesto acentuó los hoyuelos de sus mejillas y también el brillo esmeralda de sus ojos. Un aleteo de emoción, apenas perceptible, estremeció sus labios. Divertida, meneó la cabeza haciendo ondear su negra melena.
Las letras blancas, cual extrañas gaviotas, levantaron el vuelo y se largaron. Otra bandada, menos numerosa, acudió presta a ocupar su lugar sobre el azul del mar.
                         
                             FALTAN DOS DÍAS…

Laura se encontraba profundamente intrigada. El insólito spot publicitario, si es que al final era eso, venía repitiéndose desde hacía cinco días. Aparecía sólo una vez al día, en varias cadenas a la vez y siempre a la misma hora. Las nueve en punto de la noche. Duraba unos 30 segundos y desaparecía sin hacer ruido, igual que había llegado, tan silencioso y fascinante como una puesta de sol sobre el horizonte marino.
Ninguna sintonía musical, ninguna voz humana, ningún sonido animal perturbaban la absoluta afonía del singular anuncio. El aparato enmudecía de repente, la pantalla se fundía en azul oscuro y hacían su aparición las grandes letras blancas. Emergían de las profundidades, flotaban durante unos segundos y se alejaban volando. Eso era todo.
Algunos telespectadores creían que sus receptores estaban fallando y presionaban repetidamente el botón del volumen, o cambiaban de canal; algunos, incluso, llegaban a apagar el televisor.
En la versión radiofónica una profunda voz varonil declamaba la primera frase, y una cálida voz femenina recitaba la segunda. Y, al principio, en medio y al final, tres fosas de silencio abisal que en la radio se hacían más prolongadas y resultaban más inquietantes.

                               SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                               EN ESTE PRECISO MOMENTO…

Laura Valdemar coleccionaba alejandrinos, esos singulares versos compuestos por 14 sílabas, acentuados en la sexta y la decimotercera, y divididos en dos hemistiquios de 7 sílabas cada uno.
Éste, según la métrica tradicional, constaba de 16 sílabas. Se trataba, pues, de un alejandrino aparente o imperfecto. Esa cualidad fascinó aún más a la futura letrada. A sus ojos, ese exceso silábico aumentaba su valor al igual que ocurría con los sellos o las monedas antiguas, cuando una pequeña tacha los convertía en piezas únicas especialmente codiciadas por los coleccionistas.
Por lo demás, la frase como gancho publicitario era un diamante sabiamente tallado que brillaba con luz propia, como si albergara fuego en su interior. Era un texto con garra, con chispa, capaz de generar expectativas, crear dudas, sembrar inquietudes, alimentar confusiones y esparcir sospechas. Podía ser tan real como fantástico, tan romántico, como aterrador.
Sea como fuere, lo cierto era que había cumplido con creces la función que se le suponía: actuar como reclamo, aguijoneando la natural curiosidad del público, potencial consumidor. En apenas cuatro días se había convertido en el anuncio más popular en mucho tiempo. Todo el mundo hablaba de él. En las tabernas, en las peluquerías, en los ascensores…y hasta en las tertulias de TV era el tema de conversación predilecto. Las redes sociales rebosaban a punto de reventar con la excepcional pesca lograda a base de cientos de fotomontajes y chistes, supuestamente graciosos, alusivos al más virulento brote vírico de los últimos tiempos.
Se lo conocía como “el anuncio marinero”, por los dos colores utilizados en él mismo.
Todos hacían conjeturas sobre su significado, aventurando cuál sería el producto anunciado. La lista de suposiciones tendía a infinito. Que si un coche, que si un viaje, que si un libro, película, reality o serie de TV, que si una novedosa máquina de la verdad, que si un revolucionario medicamento, que si un invento extraordinario…
Laura continuó reflexionando sobre el asunto durante la ducha, y la posterior y frugal cena a base de ensalada y yogur. La dieta mediterránea junto con la práctica habitual de deporte le permitían lucir una esbelta y envidiable figura, que, invariablemente, arrancaba más de una mirada de admiración, más o menos disimulada, entre sus compañeros de la facultad.
Indiferente ante los galantes requiebros, la protagonista de nuestra historia, con 24 años recién cumplidos, y después de dos desengaños amorosos, había decidido aparcar los asuntos sentimentales para volcarse por completo en los estudios. Ésa era la promesa que les había hecho a sus padres tras unos inicios de carrera titubeantes, y a fe que la estaba cumpliendo con creces. Este año había obtenido las mejores notas de su carrera y, al fin, había alcanzado la salida del largo y árido túnel de leyes, artículos y disposiciones adicionales.
Compartía piso con otras dos estudiantes de Bellas Artes. En el momento en que acontece nuestro relato, se encontraban las dos ausentes por razones que no vienen al caso. Tener el piso para ella sola le producía una grata sensación de libertad que, por alguna peregrina razón, la retrotraía a los fines de semana de su infancia, cuando campaba a sus anchas por la hacienda rural de los abuelos.
Mientras se ponía un ligero pijama de verano, Laura discurrió con melancólico pesar que era una pena no poder embotellar la dicha de la niñez para tomarse un buen trago en esos momentos en los que andamos bajos de ánimo. No era el caso, sin embargo. Hoy había realizado el último examen, con resultados excelentes, y pasado mañana finalizaban las clases. El miércoles tomaría el avión e iría a pasar unos días en casa de los abuelos. Regresaría el jueves de la siguiente semana para recoger las notas y asistir a la fiesta de graduación. El futuro inmediato de Laura Valdemar no podía, pues, presentarse más halagüeño.
Pensando en todo esto, se durmió al fin con una amplia sonrisa iluminando su bello rostro.
Esa noche soñó que circulaba por una carretera desierta surcando una interminable y desolada planicie. Las gigantescas letras blancas emergieron del lejano horizonte como una escuadrilla de aviones de guerra. Remontaron el firmamento, intensamente azul, y terminaron explotando sobre su cabeza en un apocalíptico despliegue de fuegos artificiales.
Laura despertó con el corazón acelerado. La apoteósica experiencia onírica continuaba muy viva en su cabeza. 
En su colección de alejandrinos se incluían varios de su propia cosecha. Esa mañana añadió otro más a la lista.
                    Arañas en la noche, tejen tus pesadillas
Al día siguiente, en el bar de la Facultad, Laura se encontraba ojeando el periódico del día cuando se topó de nuevo con el dichoso spot ocupando las dos páginas centrales.

                              SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                               EN ESTE PRECISO MOMENTO…

                                        FALTA UN DÍA…

Grandes letras blancas sobre fondo azul marino.
El hallazgo, aunque nada inesperado, suscitó una animada tertulia entre los integrantes de la mesa, todos estudiantes de Quinto de Derecho, todos a punto de obtener el salvoconducto para entrar en el mundo laboral.
Mientras caminaba de regreso a casa a lo largo del paseo marítimo, Laura continuaba dándole vueltas al asunto. La frase de 16 sílabas había enraizado en su cerebro y crecía con extraordinaria rapidez.
…Sé lo que estás sintiendo…
La futura abogada Valdemar se encontró de pronto discurriendo, fantaseando, sobre hermanos gemelos separados al nacer y conectados telepáticamente a miles de km. de distancia. Había oído y leído sobre algunos casos documentados en los que, efectivamente, había tenido lugar algún tipo de tele-conexión sensorial con una sincronización perfecta, inexplicable a ojos de la ciencia.
…Sé lo que estás sintiendo…

A Laura le vino a la mente la famosa novela de George Orwell, “1984”, y el gigantesco ojo del Gran Hermano que todo lo vigila. Es posible, después de todo, que se tratara de algo de ese tipo: una máquina fantástica capaz de controlar no sólo tus movimientos sino también tus pensamientos y hasta tus sentimientos.
La joven consiguió unir ambas teorías alumbrando un nuevo e inédito ejemplar de alejandrino que, inmediatamente, pasó a engalanar su imaginaria vitrina poética.
Allí dónde te escondas, te encontrará mi sangre.

Y al fin llegó el día D.
Ese 25 de mayo amaneció luminoso y cálido, con toda la fuerza y el esplendor de la primavera adulta.
Desde las primeras horas de esa jornada, la gente aguardaba con expectación creciente la resolución del misterioso mensaje. A las nueve de la mañana había aparecido lo que se suponía sería el penúltimo anuncio de la serie.

                    SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                    EN ESTE PRECISO MOMENTO…

                          FALTAN 12 HORAS…

A medida que se acercaban las 21 horas, la hora H, la tensión y el nerviosismo que ya venían caminando a buen ritmo acabaron por galopar desbocados.
Laura Valdemar no recordaba la última vez que se había encontrado en tal estado de impaciente ansiedad, ni tan siquiera en la peor época de exámenes. La frase publicitaria, o lo que demonios fuera, el alejandrino defectuoso, había terminado por convertirse en una placentera obsesión.
A la hora de la merienda llamó por teléfono a una amiga para comentar el caso. Tras los iniciales saludos de rigor, aquella le soltó de corrido el ya célebre verso.
Ante la relativa sorpresa de Laura, pues sí que había triunfado el críptico spot de marras, su interlocutora le explicó, divertida, que lo tenía ahora mismo delante, en un cartel de unos 4x5 metros, situado justo enfrente de su casa.
En este caso, lógicamente, se limitaban a cambiar la fecha de la cuenta atrás.
Su amiga le aseguró que le resultaba casi imposible dejar de verlo, incluso cerrando los ojos, recalcó. Laura se apresuró a revelarle que ella también pensaba en el anuncio a todas horas y que, incluso, había llegado a soñar con él.
Después de despedirse, se acercó a la ventana. La tarde rebosaba una vitalidad deslumbrante. Laura, trasmutada en Diana Cazadora, tornó a armar la trampa con mano diestra, y otro verso, complaciente, se dejó atrapar sin resistencia.
                   Crisálida latente, eclosiona la Tierra.
El cielo lucía un azul intenso, un azul que le recordaba mucho…
En ese preciso momento, una avioneta surgió tras el enjambre de edificios y sobrevoló su posición. Tras ella, flameando al viento, arrastraba una enorme banda azul marino portando una larga leyenda blanca.
“No puede ser”, pensó Laura; pero lo era, vaya que sí.

                    SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                    EN ESTE PRECISO MOMENTO…

                          FALTAN 3 HORAS…

Por tierra, mar y aire, atacan por todos lados, no hay escapatoria, se alarmó una estupefacta Laura. Desde luego, reflexionó la chica, el tipo o la empresa que esté detrás de todo esto no ha reparado en gastos. Menudo despliegue de medios se ha, se han, marcado. Toda esta parafernalia mediática tiene que costar una pasta. Muy bueno tiene que ser el producto anunciado, si es que de verdad hay alguno, para amortizar el gasto y, sobre todo, para no defraudar las colosales expectativas creadas.
¿Y si al final no fuera más que una gigantesca broma, qué? —Laura se interrogó a sí misma. No tardó en hallar la respuesta: sería, con toda seguridad, la broma más cara del mundo.
Tres horas, ha dicho que faltaban tres horas. Laura consultó el reloj y respingó palmeándose la frente. Con el dichoso spot de marras se le había pasado el tiempo sin darse cuenta. Su vuelo hacia tierras andaluzas partía en apenas tres horas y media, y aún tenía la maleta por hacer. Menos mal que ella, al igual que el gran Machado, solía andar ligera de equipaje.
“Cómo los hijos de la mar”—recitó mentalmente. Y al rato surgió la inevitable asociación de ideas. El omnipresente fondo marino…acabaría por odiarlo. Laura rugió, sacudiendo la cabeza con fingido hartazgo, y se encaminó, rauda, a su habitación.
El vuelo Barcelona-Sevilla tenía fijada su hora de salida para las 21.45. A las 20.50, Laura se hallaba sentada en la cafetería del aeropuerto esperando a que le sirvieran un capuchino. Había llegado con suficiente antelación para pillar sitio cerca del televisor.
Faltaban 15 minutos para la Gran Revelación.
El gentío se arremolinaba alrededor de las dos gigantescas pantallas ubicadas en el amplio recinto.
A las nueve en punto, como los siete días precedentes, el plasma se fundió en azul oscuro y el inefable mensaje hizo una última aparición triunfal.

                              SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                               EN ESTE PRECISO MOMENTO…

El alejandrino defectuoso, nieve recién caída bajo el sol del mediodía, comenzó a pulsar, acompasadamente, mientras transitaba por toda la gama del arcoíris, y se despidió, al fin, destellando fulgurante, como una supernova en sus últimos estertores.
En un instante sublime todo el mundo se olvidó de respirar. Laura, boquiabierta, miraba embobada, con la taza suspendida y el capuchino enfriando.
En la sala sólo se oía el suave zumbido del aire acondicionado y las llamadas lejanas de los altavoces.
La pantalla cambió a negro, la negación de la luz, y así permaneció durante unos interminables 20 segundos.
Cuando, quién más, quién menos, todos pensaban que había finalizado la función, comenzaron a aparecer pequeños grupos de letras doradas, del tamaño de las precedentes, cual lingotes de diseño surcando un mar de alquitrán.

                       SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                       EN MI PECHO HAY UN HUECO
                       TÚ LLEVAS EN EL TUYO
                       EL CORAZÓN DE UN MUERTO

En la sala se oyeron exclamaciones de asombro, gritos ahogados, murmullos de admiración y bufidos de indignación, pero nadie apartó sus ojos de la pantalla.
Una vez que el cuarteto de oro estuvo al completo sobre el escenario, comenzó su apoteósica actuación.
El decorado cambió. El fúnebre azabache mutó en rojo sangre. Las letras comenzaron a latir con un ritmo pausado y poderoso, imitando la cadencia cardiaca de un atleta a la hora de la siesta.
Transcurrió un minuto, 45 pulsaciones exactas, y todo terminó.
Laura se tomó su café frío con los ojos cerrados. Aun así, seguía viendo la leyenda palpitante formada por 4 versos heptasílabos: dos alejandrinos perfectos. Su avezado ojo métrico los reconoció enseguida, dos piezas más para su colección.
En las jornadas siguientes, el misterioso anuncio continuó siendo el tema principal de conversación en los más variopintos ámbitos.
El anuncio marinero se convirtió en el anuncio fantasma, e incluso en el anuncio del fantasma en el especial de Cuarto Milenio realizado por Iker Jiménez.
Se habló de locura surrealista, y también de experimento sociológico y sicológico, dónde todos los ciudadanos serían conejillos de indias; unos lo tildaron de broma de muy mal gusto, otros hablaron de montaje descabellado…
Sé lo que estás sintiendo…
…intriga, asombro, incredulidad, pasmo, irritación, admiración, inquietud, desengaño, alarma, desasosiego, inseguridad, decepción, estupefacción, entusiasmo, frustración…
El repertorio de emociones llegó a ser más amplio y variado que el catálogo de una tienda de Los Chinos.
Aunque las hipótesis sobre el caso proliferaron más que una plaga de hongos locos, nunca se llegó a descubrir el cerebro que lo había planeado, ni la mano ejecutora, ni las causas de tan singular proceder. Hordas de avezados sabuesos rastrearon a fondo las escasas pistas con nulos resultados. Al final del hilo sólo encontraron un abismo, silencioso y vacío.
Al parecer, el spot había sido enviado a los distintos medios difusores a través de una cuenta de correo electrónico. Las astronómicas facturas se habían satisfecho religiosamente en un único ingreso mediante trasferencia bancaria. Ambas cuentas habían sido canceladas inmediatamente después sin dejar el más mínimo rastro de los titulares de las mismas.
Entre el aluvión de teorías elaboradas al respecto, cobró relativa fuerza durante algún tiempo la que hablaba de un supuesto multimillonario excéntrico cuyo hijo, muerto en plena juventud en un hipotético accidente, habría sido donante de órganos. Se trataría pues de un extraño homenaje a la memoria de su primogénito, así como al resto de personas que pudieran haberse encontrado en similares y dramáticas circunstancias.
Ahí quedó todo. Nadie fue capaz de concretar su identidad ni de aportar un solo dato que permitiera albergar alguna esperanza sobre la existencia de tan esperpéntico personaje.
Interpeladas al respecto, la Organización Nacional de Trasplantes y la Asociación Nacional de Donantes de Órganos se mostraron escandalizadas, y negaron tajantemente cualquier implicación en el asunto, calificándolo como un lamentable y frívolo espectáculo a costa de un tema extremadamente serio. Con la vida no se juega, sentenciaron, indignados, los respectivos portavoces.
Eso sí, luego, por lo bajo y en privado, reconocían a regañadientes que todo el rocambolesco episodio les había supuesto una inestimable publicidad.
Otra noticia, más trágica y repentina, compitió durante esos días con el anuncio fantasma, del fantasma, en los titulares de prensa y TV.
El avión de Iberia que cubría el vuelo de las 21.45 entre Barcelona y Sevilla se estrelló a la altura de la Sierra de Alcaraz. Como suele suceder en estos casos, no hubo supervivientes.
Según las grabaciones registradas en la Torre de Control en los momentos previos a la catástrofe, el comandante del aparato, un Boeing 767, sufrió un infarto casi fulminante. Por razones desconocidas, aunque se especula con un posible desmayo o una eventual ausencia de la cabina, el copiloto no logró hacerse con el control de la nave.
Durante muchas noches, los vigilantes de la torre continuaron oyendo los desesperados gritos de las azafatas y los pasajeros.
…Sé lo que estás sintiendo…

Mientras leía la infausta noticia, cómodamente instalada en uno de los bancos del parque, a la sombra de un roble varias veces centenario, Laura Valdemar no dejaba de pellizcarse para convencerse de que seguía en el mundo de los vivos.
Con todo el barullo que se montó en la cafetería, tras la Gran Revelación, se le había ido el santo al cielo mientras ella se quedaba en tierra.
Al final, el bendito spot le había salvado la vida.
…Sé lo que estás sintiendo…
Durante muchos minutos, tras enterarse del accidente, Laura había sido incapaz de sentir nada. Sólo atinó a llorar, mientras todo su cuerpo temblaba presa de incontrolable emoción.
…Sé lo que estás sintiendo…
Y como fantástico colofón a esta singular historia, hay que decir que nuestra joven y afortunada protagonista logró engrosar su ilustrada colección con un postrero espécimen de categoría.

            Mi guardián verdadero, un falso alejandrino.

Y como diría el gran Lope de Vega…
…Contad si son catorce, y está hecho.
                                                   SPOT                                                 

La pantalla del televisor se fundió en azul marino y las grandes letras blancas, cual veleros fantasmales, se materializaron sobre ella.
                        
                           SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                           EN ESTE PRECISO MOMENTO…

Laura Valdemar, estudiante de quinto de Derecho, sonrió complacida. El gesto acentuó los hoyuelos de sus mejillas y también el brillo esmeralda de sus ojos. Un aleteo de emoción, apenas perceptible, estremeció sus labios. Divertida, meneó la cabeza haciendo ondear su negra melena.
Las letras blancas, cual extrañas gaviotas, levantaron el vuelo y se largaron. Otra bandada, menos numerosa, acudió presta a ocupar su lugar sobre el azul del mar.
                         
                             FALTAN DOS DÍAS…

Laura se encontraba profundamente intrigada. El insólito spot publicitario, si es que al final era eso, venía repitiéndose desde hacía cinco días. Aparecía sólo una vez al día, en varias cadenas a la vez y siempre a la misma hora. Las nueve en punto de la noche. Duraba unos 30 segundos y desaparecía sin hacer ruido, igual que había llegado, tan silencioso y fascinante como una puesta de sol sobre el horizonte marino.
Ninguna sintonía musical, ninguna voz humana, ningún sonido animal perturbaban la absoluta afonía del singular anuncio. El aparato enmudecía de repente, la pantalla se fundía en azul oscuro y hacían su aparición las grandes letras blancas. Emergían de las profundidades, flotaban durante unos segundos y se alejaban volando. Eso era todo.
Algunos telespectadores creían que sus receptores estaban fallando y presionaban repetidamente el botón del volumen, o cambiaban de canal; algunos, incluso, llegaban a apagar el televisor.
En la versión radiofónica una profunda voz varonil declamaba la primera frase, y una cálida voz femenina recitaba la segunda. Y, al principio, en medio y al final, tres fosas de silencio abisal que en la radio se hacían más prolongadas y resultaban más inquietantes.

                               SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                               EN ESTE PRECISO MOMENTO…

Laura Valdemar coleccionaba alejandrinos, esos singulares versos compuestos por 14 sílabas, acentuados en la sexta y la decimotercera, y divididos en dos hemistiquios de 7 sílabas cada uno.
Éste, según la métrica tradicional, constaba de 16 sílabas. Se trataba, pues, de un alejandrino aparente o imperfecto. Esa cualidad fascinó aún más a la futura letrada. A sus ojos, ese exceso silábico aumentaba su valor al igual que ocurría con los sellos o las monedas antiguas, cuando una pequeña tacha los convertía en piezas únicas especialmente codiciadas por los coleccionistas.
Por lo demás, la frase como gancho publicitario era un diamante sabiamente tallado que brillaba con luz propia, como si albergara fuego en su interior. Era un texto con garra, con chispa, capaz de generar expectativas, crear dudas, sembrar inquietudes, alimentar confusiones y esparcir sospechas. Podía ser tan real como fantástico, tan romántico, como aterrador.
Sea como fuere, lo cierto era que había cumplido con creces la función que se le suponía: actuar como reclamo, aguijoneando la natural curiosidad del público, potencial consumidor. En apenas cuatro días se había convertido en el anuncio más popular en mucho tiempo. Todo el mundo hablaba de él. En las tabernas, en las peluquerías, en los ascensores…y hasta en las tertulias de TV era el tema de conversación predilecto. Las redes sociales rebosaban a punto de reventar con la excepcional pesca lograda a base de cientos de fotomontajes y chistes, supuestamente graciosos, alusivos al más virulento brote vírico de los últimos tiempos.
Se lo conocía como “el anuncio marinero”, por los dos colores utilizados en él mismo.
Todos hacían conjeturas sobre su significado, aventurando cuál sería el producto anunciado. La lista de suposiciones tendía a infinito. Que si un coche, que si un viaje, que si un libro, película, reality o serie de TV, que si una novedosa máquina de la verdad, que si un revolucionario medicamento, que si un invento extraordinario…
Laura continuó reflexionando sobre el asunto durante la ducha, y la posterior y frugal cena a base de ensalada y yogur. La dieta mediterránea junto con la práctica habitual de deporte le permitían lucir una esbelta y envidiable figura, que, invariablemente, arrancaba más de una mirada de admiración, más o menos disimulada, entre sus compañeros de la facultad.
Indiferente ante los galantes requiebros, la protagonista de nuestra historia, con 24 años recién cumplidos, y después de dos desengaños amorosos, había decidido aparcar los asuntos sentimentales para volcarse por completo en los estudios. Ésa era la promesa que les había hecho a sus padres tras unos inicios de carrera titubeantes, y a fe que la estaba cumpliendo con creces. Este año había obtenido las mejores notas de su carrera y, al fin, había alcanzado la salida del largo y árido túnel de leyes, artículos y disposiciones adicionales.
Compartía piso con otras dos estudiantes de Bellas Artes. En el momento en que acontece nuestro relato, se encontraban las dos ausentes por razones que no vienen al caso. Tener el piso para ella sola le producía una grata sensación de libertad que, por alguna peregrina razón, la retrotraía a los fines de semana de su infancia, cuando campaba a sus anchas por la hacienda rural de los abuelos.
Mientras se ponía un ligero pijama de verano, Laura discurrió con melancólico pesar que era una pena no poder embotellar la dicha de la niñez para tomarse un buen trago en esos momentos en los que andamos bajos de ánimo. No era el caso, sin embargo. Hoy había realizado el último examen, con resultados excelentes, y pasado mañana finalizaban las clases. El miércoles tomaría el avión e iría a pasar unos días en casa de los abuelos. Regresaría el jueves de la siguiente semana para recoger las notas y asistir a la fiesta de graduación. El futuro inmediato de Laura Valdemar no podía, pues, presentarse más halagüeño.
Pensando en todo esto, se durmió al fin con una amplia sonrisa iluminando su bello rostro.
Esa noche soñó que circulaba por una carretera desierta surcando una interminable y desolada planicie. Las gigantescas letras blancas emergieron del lejano horizonte como una escuadrilla de aviones de guerra. Remontaron el firmamento, intensamente azul, y terminaron explotando sobre su cabeza en un apocalíptico despliegue de fuegos artificiales.
Laura despertó con el corazón acelerado. La apoteósica experiencia onírica continuaba muy viva en su cabeza. 
En su colección de alejandrinos se incluían varios de su propia cosecha. Esa mañana añadió otro más a la lista.
                    Arañas en la noche, tejen tus pesadillas
Al día siguiente, en el bar de la Facultad, Laura se encontraba ojeando el periódico del día cuando se topó de nuevo con el dichoso spot ocupando las dos páginas centrales.

                              SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                               EN ESTE PRECISO MOMENTO…

                                        FALTA UN DÍA…

Grandes letras blancas sobre fondo azul marino.
El hallazgo, aunque nada inesperado, suscitó una animada tertulia entre los integrantes de la mesa, todos estudiantes de Quinto de Derecho, todos a punto de obtener el salvoconducto para entrar en el mundo laboral.
Mientras caminaba de regreso a casa a lo largo del paseo marítimo, Laura continuaba dándole vueltas al asunto. La frase de 16 sílabas había enraizado en su cerebro y crecía con extraordinaria rapidez.
…Sé lo que estás sintiendo…
La futura abogada Valdemar se encontró de pronto discurriendo, fantaseando, sobre hermanos gemelos separados al nacer y conectados telepáticamente a miles de km. de distancia. Había oído y leído sobre algunos casos documentados en los que, efectivamente, había tenido lugar algún tipo de tele-conexión sensorial con una sincronización perfecta, inexplicable a ojos de la ciencia.
…Sé lo que estás sintiendo…

A Laura le vino a la mente la famosa novela de George Orwell, “1984”, y el gigantesco ojo del Gran Hermano que todo lo vigila. Es posible, después de todo, que se tratara de algo de ese tipo: una máquina fantástica capaz de controlar no sólo tus movimientos sino también tus pensamientos y hasta tus sentimientos.
La joven consiguió unir ambas teorías alumbrando un nuevo e inédito ejemplar de alejandrino que, inmediatamente, pasó a engalanar su imaginaria vitrina poética.
Allí dónde te escondas, te encontrará mi sangre.

Y al fin llegó el día D.
Ese 25 de mayo amaneció luminoso y cálido, con toda la fuerza y el esplendor de la primavera adulta.
Desde las primeras horas de esa jornada, la gente aguardaba con expectación creciente la resolución del misterioso mensaje. A las nueve de la mañana había aparecido lo que se suponía sería el penúltimo anuncio de la serie.

                    SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                    EN ESTE PRECISO MOMENTO…

                          FALTAN 12 HORAS…

A medida que se acercaban las 21 horas, la hora H, la tensión y el nerviosismo que ya venían caminando a buen ritmo acabaron por galopar desbocados.
Laura Valdemar no recordaba la última vez que se había encontrado en tal estado de impaciente ansiedad, ni tan siquiera en la peor época de exámenes. La frase publicitaria, o lo que demonios fuera, el alejandrino defectuoso, había terminado por convertirse en una placentera obsesión.
A la hora de la merienda llamó por teléfono a una amiga para comentar el caso. Tras los iniciales saludos de rigor, aquella le soltó de corrido el ya célebre verso.
Ante la relativa sorpresa de Laura, pues sí que había triunfado el críptico spot de marras, su interlocutora le explicó, divertida, que lo tenía ahora mismo delante, en un cartel de unos 4x5 metros, situado justo enfrente de su casa.
En este caso, lógicamente, se limitaban a cambiar la fecha de la cuenta atrás.
Su amiga le aseguró que le resultaba casi imposible dejar de verlo, incluso cerrando los ojos, recalcó. Laura se apresuró a revelarle que ella también pensaba en el anuncio a todas horas y que, incluso, había llegado a soñar con él.
Después de despedirse, se acercó a la ventana. La tarde rebosaba una vitalidad deslumbrante. Laura, trasmutada en Diana Cazadora, tornó a armar la trampa con mano diestra, y otro verso, complaciente, se dejó atrapar sin resistencia.
                   Crisálida latente, eclosiona la Tierra.
El cielo lucía un azul intenso, un azul que le recordaba mucho…
En ese preciso momento, una avioneta surgió tras el enjambre de edificios y sobrevoló su posición. Tras ella, flameando al viento, arrastraba una enorme banda azul marino portando una larga leyenda blanca.
“No puede ser”, pensó Laura; pero lo era, vaya que sí.

                    SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                    EN ESTE PRECISO MOMENTO…

                          FALTAN 3 HORAS…

Por tierra, mar y aire, atacan por todos lados, no hay escapatoria, se alarmó una estupefacta Laura. Desde luego, reflexionó la chica, el tipo o la empresa que esté detrás de todo esto no ha reparado en gastos. Menudo despliegue de medios se ha, se han, marcado. Toda esta parafernalia mediática tiene que costar una pasta. Muy bueno tiene que ser el producto anunciado, si es que de verdad hay alguno, para amortizar el gasto y, sobre todo, para no defraudar las colosales expectativas creadas.
¿Y si al final no fuera más que una gigantesca broma, qué? —Laura se interrogó a sí misma. No tardó en hallar la respuesta: sería, con toda seguridad, la broma más cara del mundo.
Tres horas, ha dicho que faltaban tres horas. Laura consultó el reloj y respingó palmeándose la frente. Con el dichoso spot de marras se le había pasado el tiempo sin darse cuenta. Su vuelo hacia tierras andaluzas partía en apenas tres horas y media, y aún tenía la maleta por hacer. Menos mal que ella, al igual que el gran Machado, solía andar ligera de equipaje.
“Cómo los hijos de la mar”—recitó mentalmente. Y al rato surgió la inevitable asociación de ideas. El omnipresente fondo marino…acabaría por odiarlo. Laura rugió, sacudiendo la cabeza con fingido hartazgo, y se encaminó, rauda, a su habitación.
El vuelo Barcelona-Sevilla tenía fijada su hora de salida para las 21.45. A las 20.50, Laura se hallaba sentada en la cafetería del aeropuerto esperando a que le sirvieran un capuchino. Había llegado con suficiente antelación para pillar sitio cerca del televisor.
Faltaban 15 minutos para la Gran Revelación.
El gentío se arremolinaba alrededor de las dos gigantescas pantallas ubicadas en el amplio recinto.
A las nueve en punto, como los siete días precedentes, el plasma se fundió en azul oscuro y el inefable mensaje hizo una última aparición triunfal.

                              SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                               EN ESTE PRECISO MOMENTO…

El alejandrino defectuoso, nieve recién caída bajo el sol del mediodía, comenzó a pulsar, acompasadamente, mientras transitaba por toda la gama del arcoíris, y se despidió, al fin, destellando fulgurante, como una supernova en sus últimos estertores.
En un instante sublime todo el mundo se olvidó de respirar. Laura, boquiabierta, miraba embobada, con la taza suspendida y el capuchino enfriando.
En la sala sólo se oía el suave zumbido del aire acondicionado y las llamadas lejanas de los altavoces.
La pantalla cambió a negro, la negación de la luz, y así permaneció durante unos interminables 20 segundos.
Cuando, quién más, quién menos, todos pensaban que había finalizado la función, comenzaron a aparecer pequeños grupos de letras doradas, del tamaño de las precedentes, cual lingotes de diseño surcando un mar de alquitrán.

                       SÉ LO QUE ESTÁS SINTIENDO
                       EN MI PECHO HAY UN HUECO
                       TÚ LLEVAS EN EL TUYO
                       EL CORAZÓN DE UN MUERTO

En la sala se oyeron exclamaciones de asombro, gritos ahogados, murmullos de admiración y bufidos de indignación, pero nadie apartó sus ojos de la pantalla.
Una vez que el cuarteto de oro estuvo al completo sobre el escenario, comenzó su apoteósica actuación.
El decorado cambió. El fúnebre azabache mutó en rojo sangre. Las letras comenzaron a latir con un ritmo pausado y poderoso, imitando la cadencia cardiaca de un atleta a la hora de la siesta.
Transcurrió un minuto, 45 pulsaciones exactas, y todo terminó.
Laura se tomó su café frío con los ojos cerrados. Aun así, seguía viendo la leyenda palpitante formada por 4 versos heptasílabos: dos alejandrinos perfectos. Su avezado ojo métrico los reconoció enseguida, dos piezas más para su colección.
En las jornadas siguientes, el misterioso anuncio continuó siendo el tema principal de conversación en los más variopintos ámbitos.
El anuncio marinero se convirtió en el anuncio fantasma, e incluso en el anuncio del fantasma en el especial de Cuarto Milenio realizado por Iker Jiménez.
Se habló de locura surrealista, y también de experimento sociológico y sicológico, dónde todos los ciudadanos serían conejillos de indias; unos lo tildaron de broma de muy mal gusto, otros hablaron de montaje descabellado…
Sé lo que estás sintiendo…
…intriga, asombro, incredulidad, pasmo, irritación, admiración, inquietud, desengaño, alarma, desasosiego, inseguridad, decepción, estupefacción, entusiasmo, frustración…
El repertorio de emociones llegó a ser más amplio y variado que el catálogo de una tienda de Los Chinos.
Aunque las hipótesis sobre el caso proliferaron más que una plaga de hongos locos, nunca se llegó a descubrir el cerebro que lo había planeado, ni la mano ejecutora, ni las causas de tan singular proceder. Hordas de avezados sabuesos rastrearon a fondo las escasas pistas con nulos resultados. Al final del hilo sólo encontraron un abismo, silencioso y vacío.
Al parecer, el spot había sido enviado a los distintos medios difusores a través de una cuenta de correo electrónico. Las astronómicas facturas se habían satisfecho religiosamente en un único ingreso mediante trasferencia bancaria. Ambas cuentas habían sido canceladas inmediatamente después sin dejar el más mínimo rastro de los titulares de las mismas.
Entre el aluvión de teorías elaboradas al respecto, cobró relativa fuerza durante algún tiempo la que hablaba de un supuesto multimillonario excéntrico cuyo hijo, muerto en plena juventud en un hipotético accidente, habría sido donante de órganos. Se trataría pues de un extraño homenaje a la memoria de su primogénito, así como al resto de personas que pudieran haberse encontrado en similares y dramáticas circunstancias.
Ahí quedó todo. Nadie fue capaz de concretar su identidad ni de aportar un solo dato que permitiera albergar alguna esperanza sobre la existencia de tan esperpéntico personaje.
Interpeladas al respecto, la Organización Nacional de Trasplantes y la Asociación Nacional de Donantes de Órganos se mostraron escandalizadas, y negaron tajantemente cualquier implicación en el asunto, calificándolo como un lamentable y frívolo espectáculo a costa de un tema extremadamente serio. Con la vida no se juega, sentenciaron, indignados, los respectivos portavoces.
Eso sí, luego, por lo bajo y en privado, reconocían a regañadientes que todo el rocambolesco episodio les había supuesto una inestimable publicidad.
Otra noticia, más trágica y repentina, compitió durante esos días con el anuncio fantasma, del fantasma, en los titulares de prensa y TV.
El avión de Iberia que cubría el vuelo de las 21.45 entre Barcelona y Sevilla se estrelló a la altura de la Sierra de Alcaraz. Como suele suceder en estos casos, no hubo supervivientes.
Según las grabaciones registradas en la Torre de Control en los momentos previos a la catástrofe, el comandante del aparato, un Boeing 767, sufrió un infarto casi fulminante. Por razones desconocidas, aunque se especula con un posible desmayo o una eventual ausencia de la cabina, el copiloto no logró hacerse con el control de la nave.
Durante muchas noches, los vigilantes de la torre continuaron oyendo los desesperados gritos de las azafatas y los pasajeros.
…Sé lo que estás sintiendo…

Mientras leía la infausta noticia, cómodamente instalada en uno de los bancos del parque, a la sombra de un roble varias veces centenario, Laura Valdemar no dejaba de pellizcarse para convencerse de que seguía en el mundo de los vivos.
Con todo el barullo que se montó en la cafetería, tras la Gran Revelación, se le había ido el santo al cielo mientras ella se quedaba en tierra.
Al final, el bendito spot le había salvado la vida.
…Sé lo que estás sintiendo…
Durante muchos minutos, tras enterarse del accidente, Laura había sido incapaz de sentir nada. Sólo atinó a llorar, mientras todo su cuerpo temblaba presa de incontrolable emoción.
…Sé lo que estás sintiendo…
Y como fantástico colofón a esta singular historia, hay que decir que nuestra joven y afortunada protagonista logró engrosar su ilustrada colección con un postrero espécimen de categoría.

            Mi guardián verdadero, un falso alejandrino.

Y como diría el gran Lope de Vega…
…Contad si son catorce, y está hecho.



8 comentarios:

  1. Muy bueno, excelente Escritura y vocabulario. Gracias por deleitarme con tu tinta.

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    1. Celebro haber contribuido a tu deleite, Keren. Gracias por la visita.
      Cordiales saludos.

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  2. Una temática fascinante, las expectativas que genera un buen spot publicitario. Un relato original y bien resuelto. Consigues mantener la curiosidad hasta el final. Totalmente satisfactoria esta visita a tu página, Paco. Gracias por invitarme a verla.
    Un saludo

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    1. Celebro que te causara una buena impresión, Carmen. Gracias por tu visita.
      Un cordial saludo.

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  3. Magnífico relato. Muy bien construido el suspense, fantásticamente escrito y con un final original y sorprendente. Me ha encantado.

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    1. Me alegro de que te gustara, Marta. Gracias por pasarte y leer. Cordiales saludos.

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  4. Menudo placer leerte de nuevo, Paco. Se te echaba de menos en el mundo de la blogosfera. Este relato, si no recuerdo mal, participó en la final de un torneo de escritores y tiene todos los ingredientes de tu pluma: suspense, una trama que atrapa y tu buen hacer literario.
    Felicidades y un abrazo

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  5. Se masca el suspense desde el principio, la construcción de la historia plasma muy bien la situación hasta el final.
    Interesante el argumento y la situación vivida por tu protagonista.
    Un saludo
    Puri

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